28 sept. 2010

No puedo parar de pensar, pienso desde el pelo hasta las puntas de los pies. Qué feos los pies, que feos son los pies de todo el mundo. Yo tenía un novio al que le besaba los pies y esos pies eran lindos, porque él era lindo, y sus pies como todo él eran lindos y besables; y yo los besaba, los besaba con pasión, y sentía que no había nada más hermoso que tomar esos pies y ponerlos contra mis mejillas, y después besarlos, besarlos, besarlos, como si esos pies tuvieran vida propia y sintieran y me amaran y quisieran casarse conmigo. Pero todos los otros pies del mundo son feos, son horribles, asquerosos; tienen vida arraigada a esos pies y la vida que hubo antes de uno siempre es terrible y agobiante, es la mochila del otro que ahora nos llega con forma de pies. Yo no quiero besar tus pies, ni los pies de nadie, yo no quiero siquiera besar mis pies. A mis pies los cortaría, los metería adentro de un vaso de agua y vería como pasan los años y los pies se deshacen y se hacen partículas ínfimas carentes de sentido, y entonces toda mi vida dejó de ser anterior porque mis pies que la caminaron ya no son pies sino que son nada, son nada envuelta en agua, son burbujas flotantes, y puedo agarrar ese vaso y tomarme al fantasma de mis pies que ahí habita, y tragarlo, tragarlo, tragarlo hasta saciarme de lo vacío de mi vida. Y voy a olvidarme de esos pies de antes, esos únicos pies que yo besaba, y cuando encuentre otros pies voy a agarrarlos y besarlos y comerlos como si fuese un caníbal.

1 comentario:

  1. Decí que conozco como funciona la metáfora, sino me daba miedo todo eso que escribiste jajaja

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